domingo, 5 de diciembre de 2010

De controladores y descontrolados.

Dice Alfonso Rojo, presunto periodista que dirige un presunto periódico digital, que no por mucho dinero que ganen los controladores aéreos pierden su derecho a la huelga. Que se sepa, nadie lo ha puesto en duda.

Es lo que me revienta de estos tertulianos sabelotodo: que sólo dicen perogrulladas y les pagan por ello. En tono solemne afirman con una pomposa rotundidad exactamente lo que ha dicho mi vecina la Mari esa misma mañana en la panadería. Pero la Mari lo dice con mucha más naturalidad.

El mismo presunto periodista se pregunta en su diario: "¡¿Dónde está Zapatero?!" Los que reprochaban al presidente no haber acudido a la cumbre latinoamericana ahora se preguntan dónde está. La Mari sabía perfectamente que Zapatero estaba en La Moncloa presidiendo un consejo de ministros extraordinario.

Nadie, en democracia, ha negado jamás el derecho a la huelga de ningún trabajador, ganen mil o ganen cienmil. Pero parece mentira que haya que recordarle a un fatuo analista de la actualidad, que una huelga se convoca con días de antelación, los usuarios están avisados, se establecen unos servicios mínimos y los huelguistas asumen que verán mermada su nómina por la retención de haberes de los días no trabajados más la parte proporcional de las pagas extras. Esto es así y así lo han hecho hasta ahora los trabajadores honrados. No los sinvergüenzas.

Es una simple cuestión de responsabilidad. Si el ejecutivo toma unas medidas que un colectivo considera lesivas para sus intereses, éste tiene todo el derecho del mundo a protestar, a convocar una huelga -indefinida, si quieren-, a manifestarse por las calles y a echarle un pulso al gobierno. Pero no a abandonar sus puestos de trabajo de manera imprevista, aduciendo vergonzosos estados de ansiedad colectivos. Encima nos toman el pelo.

¿Lo harían los cirujanos? ¿Abandonarían el quirófano dejando a sus pacientes con el tórax abierto de par en par y el corazón latiendo sobre una bandeja de acero inoxidable?

¿Lo harían los bomberos? ¿Dejarían tiradas sus mangueras y abandonarían a su suerte a la Mari a medio rescatar en una escalera telescópica entre el cuarto y el quinto piso?

¿Lo harían los maestros? ¿Se irían de sus aulas dejando a los alumnos con el lápiz en la mano y el dictado sin terminar?

¿Lo harían los curas? ¿Dejarían a sus fieles con la boca abierta y la lengua fuera esperando recibir la comunión?

¿Lo harían las peluqueras? ¿Dejarían a sus clientes con los rulos puestos bajo un secador que les socarre el tinte?


¿Lo harían los conductores del metro, dejando a la gente atrapada en el subsuelo de la ciudad? ¿Los camareros con las cañas a medio tirar? ¿Las monjas con el rosario a medio rezar? ¿Los borrachos con el brick a medio acabar? ¿Las putas con el cliente a medio follar?

No. No lo harían porque todas estas personas son responsables, saben cuales son sus obligaciones, y las cumplen. Tienen vergüenza y dignidad. Es decir: no son controladores aéreos.

Escribe un controlador en su blog: "Nos exigís currar todos los días para tener vuestros putos puentes". Además de sinvergüenza, imbécil. Les exigimos currar como se le exige a cualquier trabajador: para que cumplan con sus obligaciones y para que se ganen honradamente sus lentejas bogavantes.

Otra controladora lloriquea ante las cámaras: "Se nos obligó a trabajar a punta de pistola". ¿Y? ¿Habría preferido una caja de bombones?

Pero nada de esto importa. Algunos autoproclamados generadores de opinión, enfermizamente obsesionados, prefieren ponerse del lado de los sediciosos antes que perder la ocasión de darle a Zapatero otra patada en los huevos, como si no tuvieran oportunidad de darle cientos.

Periodistas descontrolados. Y se llaman independientes.

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