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jueves, 22 de septiembre de 2011

"La educación y las prioridades". Por Ignacio Escolar.

Leído en el blog "Escolar.net", de Ignacio Escolar. 22 de septiembre de 2011.


"Una pancarta vista en las manifestaciones contra los recortes educativos:

“Recuerda Londres: un profesor menos hoy son cuatro policías más en el futuro”

Por eso es tan importante defender la educación pública y gratuita; no sólo depende de ella el progreso económico, también la igualdad de oportunidades y la cohesión social. No se construye una educación mejor con barracones de campo de concentración a modo de colegios, con clases masificadas y con insultos a esos mismos profesores a los que se quería dar una tarima para “reforzar su autoridad”, como decía esa misma Esperanza Aguirre que ahora los retrata como unos holgazanes que no quieren trabajar dos horas más a la semana. Un par de dudas: ¿todos esos tertulianos que conscientemente confunden jornada laboral con horario lectivo trabajan sólo el ratito que salen en la tele o se preparan antes sus intervenciones? ¿Todos esos políticos que manipulan ese dato consideran que su trabajo es sólo el tiempo que están sentados en el escaño?

Al PP la estrategia le ha salido rana. Quisieron convertir a los profesores en los nuevos controladores aéreos, pero se han encontrado en la calle con una protesta que no se esperaban; hasta los maestros de derechas están indignados. Aguirre quiere ahorrarse 80 millones de euros despidiendo a profesores interinos, pero ha aprobado subvenciones fiscales de 90 millones de euros para la escuela privada. También sobra dinero para la propaganda (620 millones de euros en publicidad institucional del Gobierno de Aguirre desde 2008) o para rechazar Patrimonio (500 millones anuales en Madrid), pero hay que empezar a cuestionarse la enseñanza gratuita. Como siempre, es una cuestión de prioridades."

Ignacio Escolar

domingo, 4 de septiembre de 2011

Vuelve el maestro armero. Ahora, el profesorado.

Busquemos culpables de nuestros males. Pero hagámoslo lejos de nuestra responsabilidad. Cospedal hace recortes por la nefasta herencia recibida del gobierno anterior. ¿Por qué entonces los recortes en Madrid, en Valencia, en Murcia, en Galicia...? ¡Ah, que aún está Zapatero!

Ahora la culpa es de los maestros.

Hace un par de años, la presidenta de la Comunidad de Madrid proponía otorgar a los docentes madrileños la condición de autoridad pública, como son jueces o inspectores de sanidad. Aquella propuesta se concretó en la LEY 2/2010, de 15 de junio de 2010, de Autoridad del Profesor.

Hoy, quince meses después, la misma persona insulta a los profesores de la Comunidad de Madrid llamándoles algo así como vagos e insolidarios. El típico tópico: la enfermera ligera de cascos y con minifalda, el bombero tonto pero cachas, el policía más tonto todavía y encima chulo, el militar deficiente, el médico mujeriego, el taxista ladrón, el abogado tramposo, el cura baboso, el concejal corrupto... Ahora les toca a los maestros: Trabajan poco, tienen el puesto asegurado de por vida, están bien remunerados y tienen muchas vacaciones.

Aguirre pretendía que los profesores gozaran de la consideración de "autoridad pública". Pero para evitar que un profesor sea agredido por un padre o por un alumno, lo primero que hay que hacer es desterrar esos manidos tópicos que son, además, falsos.

Los profesores no van a trabajar dos horas más. Por lo tanto, Aguirre miente. Los profesores de la enseñanza pública tienen, como todos los funcionarios, un horario de 37,5 horas semanales. De ellas son lectivas 25 en infantil y primaria y entre 18 y 21 en secundaria y bachillerato. Cinco horas más en todos los niveles son de obligada permanencia en el centro (reuniones de claustro, tutorías de alumnos y padres, reuniones de departamento, etc.)

Y el resto se dedican a corrección de ejercicios o exámenes y a cursos formación (los cobros de determinados complementos están condicionados a esta formación permanente).

¿Qué problema hay en trabajar en casa cómodamente vestidos y en zapatillas, si lo que importa es que se trabaje?

¿Importa que un representante de comercio haga los pedidos desde su casa y que lo haga en pelotas?
Si se aumentan en dos las horas lectivas, se están restando de otras. La labor del profesorado no consiste solo en dar clases. Desde luego, no debería.

¿Qué hace un bombero cuando no tiene ningún fuego que apagar? Los policías no están ocho horas diarias "apatrullando" la ciudad. Nadie critica las jornadas laborales de los cuerpos policiales. Lo mismo podríamos decir de médicos y enfermeros. Messi no trabaja noventa minutos a la semana. En ese sentido, cada profesión tiene sus características, y quien opine que ese aspecto es envidiable y ventajoso, ¿por qué demonios no preparó sus oposiciones?

Por cierto, nadie se acuerda de los años que a un profesor de la enseñanza pública le ha costado conseguir su puesto de trabajo cerca de su hogar. Años y años, de pueblo en pueblo. Lo sé por experiencia muy-muy cercana.

Si, según Aguirre, los profesores trabajan solo 18 horas, y les pide 20 ¿por qué les paga por 37,5? ¿Es una derrochadora, mala administradora? Hagamos cuentas con este ejemplo: 2 horas lectivas x 1.000 profesores = 2.000 horas lectivas que no tiene que cubrir el profesorado interino. 2.000 horas totales divididas entre 20 horas por profesor = 100 profesores interinos que no serán contratados el próximo curso. Es decir, Aguirre está dando -a costa de la calidad de la enseñanza- un 10% de tijeretazo injustificado. Porque, según ella, su gestión ha sido impecable.

Y, a partir del 20N, implacable.

Por lo menos no hará como su homóloga Cospedal, echarle la culpa al gobierno anterior.

viernes, 15 de abril de 2011

Nunca dije prohibido prohibir.

Es lo que ocurre cuando se les llena la boca de demagogia.

Hace tan solo unas semanas descubrieron el viejo eslogan de mayo del 68 (aquel que ni olieron), lo sacaron de contexto y lo lanzaron a los cuatro vientos para presumir de ser gente moderna, permisiva, comprensiva, democrática... guays:

"Prohibido prohibir", se creyeron originales.

Pero, a la primera de cambio vuelven a su primitivo ser. Sobre todo si le tocan lo más sagrado, y nunca mejor dicho.

Gallardón, el progre alcalde de Madrid (desenmascarado por diversos hechos), se empeñó en prohibir una procesión atea organizada, entre otros colectivos, por la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL). La presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, ha considerado "muy acertada" -tomen nota, es una novedad- la medida de la Delegación del Gobierno de Madrid de prohibir el acto, pues considera que no debe resultar gratis ofender a los católicos.

Y, para rematar el despropósito, una jueza ya ha abierto diligencias contra los convocantes de una manifestación que todavía no se ha llegado a celebrar. Diligencias preventivas... censura previa...

Esperemos que tampoco resulte gratis ofender a los ateos, que tienen exactamente los mismos derechos civiles que los creyentes. Entre esos derechos, el de la libertad de expresión y el de manifestarse en la vía pública.

Sin embargo, como ateo que soy, les daré mi opinión, suponiendo que a alguien, llegado a este punto, pudiera interesar.

La convocatoria de AMAL me parece una provocación. Para empezar, me resulta paradójico que haya una asociación de librepensadores. Pero es otro tema.

Es cierto que los fieles de la fe católica invaden durante varios días nuestras calles y avenidas de pueblos y ciudades con sus manifestaciones religiosas. Calles y avenidas que son de toda la ciudadanía. Pero es que ellos, los católicos, también son ciudadanos.

Por otra parte, no es menos cierto que las procesiones de la semana santa forman parte indiscutible del paisaje de nuestro país, de nuestra tradición y -también- de nuestra cultura. Y, si tenemos alguna duda, no olvidemos la procesión de los Salzillos en Murcia. Y todo eso sin necesidad de torturar a un astado.

El anhelo de conseguir que España sea un estado laico de hecho tiene a lo largo del año multitud de oportunidades: desde dejar de subvencionar con dinero público los colegios religiosos hasta exigir la derogacion del concordato con la Santa Sede.

Si realmente queremos reivindicar nuestro ateísmo e incluso nuestra protesta o indignación por el hecho de que unas procesiones católicas trastocan durante unas horas la circulación y destroza la frecuencia del transporte público, pensemos que eso mismo ocurre varias veces al año, desde el carnaval hasta las fiestas patronales o el concierto de los 40 principales. Y siempre que hay fútbol. Hemos tenido toda la cuaresma para hacer públicas nuestras protestas. Esperar al jueves santo huele a provocación: que no cuenten conmigo.

Yo también prohibiría esa "procesión atea", a pesar de ser ateo. Pero es que yo nunca dije aquella bobada de Prohibido Prohibir.

sábado, 5 de febrero de 2011

Los irresponsables madrileños.

Se llama escurrir el bulto o echar balones fuera a no aceptar la responsabilidad que cada uno tiene sobre un hecho concreto. Ya se ha escrito sobre ello en este blog.

Que esto de eludir responsabilidades lo haga un ciudadano anónimo recién pillado en una falta puede resultar comprensible, dada nuestra malcrianza. Pero que lo haga precisamente un responsable público que vive de esa responsabilidad es tan grotesco como vergonzoso.

Madrid superó en 2010 el límite legal de contaminación que marca Europa al registrar 44 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno de media anual. Hace unos días, la responsable de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella, aseguró en la Comisión de Medio Ambiente que se está preparando la petición de una moratoria a Europa.

"Para cumplir los límites tendríamos que reducir el tráfico en un 50% y eso no es posible", afirmó la concejal.

La semana siguiente, la misma responsable empezó a echar balones fuera: Durante una entrevista en Telemadrid, Ana Botella recordó que el Gobierno mantiene incentivos fiscales para la compra de coches diésel, tales como reducciones en el impuesto de matriculación. "Y esa dieselización del parque automovilístico es el culpable de esos niveles de NO2", vino a decir. O sea: ella cree no tener ninguna responsabilidad en la pésima calidad del aire que respiran los madrileños. La culpa, como no podía ser de otra manera, es de Zapatero.

Su jefe, el alcalde Alberto Ruiz Gallardón, le muestra su apoyo afirmando el pasado jueves que la política fiscal y de subvenciones a los vehículos diésel es "una estrategia del Gobierno para atacar a Madrid".

Y, justamente lo hace ahora, ha añadido, "porque hay elecciones".

Ruiz Gallardón reconoce explícitamente que él tampoco tiene nada que ver con la contaminación del aire en la ciudad de la que es máximo regidor.

En Madrid tienen unos responsables que han sido nombrados y se les paga para asumir unas responsabilidades de las que no se responsabilizan. ¿Para qué están entonces?