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viernes, 18 de febrero de 2011

Pajín y los idiotas. Por Júcaro.

Leído en el blog "14 de abril", de Júcaro. 17 de febrero de 2011.

"Aludir al aspecto físico de una persona para denigrarla y  desacreditarla es un rasgo propio de idiotas. Quien usa su columna en los medios para mofarse de una persona por su aspecto físico es aún más idiota y obsceno que los miles de internautas que se hacen seguidores en Facebook de cualquier grupo, tipo:  «Yo también vi la cara de Leire Pajín en los Goya».

Recuerdo que hace unos años se publicó en prensa la agresión brutal a una mujer. Los agresores  la emprendieron a patadas y puñetazos con ella simplemente por su aspecto físico, por ser “baja y gordita”.  Cuando leo la vomitiva de Federico Quevedo o la de José Antonio Martínez-Abarca,  recuerdo aquella y otras agresiones similares, también los argumentos que dieron los psicópatas de turno.

A la ministra de Sanidad, Leire Pajín, se la podrá criticar por su gestión, por las decisiones que no tome o por las medidas que emprenda. A Leire Pajín como a cualquier otro político se le puede cuestionar su idoneidad, su capacidad o su incompetencia para el cargo. Eso,  como suele decirse,  va en el sueldo. Pero, emprender una campaña ciudadana, ¡con la que nos está cayendo!, por  unas fotos, prueba lo idiotizada que está esta sociedad.  Cualquiera puede entender que el aspecto físico, es algo irrelevante y que poco o nada tiene que ver con el quehacer político. Cualquiera, menos estos lumbreras o  aquel  sucio alcalde que, recién nombrada ministra, hizo ostentación de su baboseo machista y de su  propia  incapacidad.

La provocación y la estupidez son el auténtico rasgo mental de quienes emprenden o se suman a este tipo de campañas. Los diccionarios afirman que hay que aplicar el término idiota a los engreídos  sin fundamento para ello, a los cortos de entendimiento y a quienes  carecen de toda instrucción.  Pero también, la idiotez define a  quienes gozan con la ofensa y el  escarnio por algo tan simple y mutante como el aspecto físico.

Los atenienses inventaron la democracia directa porque permitía intervenir en política y,para quienes no participaban en ella idearon el término «idiotés». A quienes tratan de intervenir en política desde la burla y mofa del aspecto físico, habría que llamarles requeteidiotas.

Tras leer tan espléndido compendio de simplezas y exabruptos de tanto cretino,   estoy por pedir a todo hombre o mujer que piense dedicarse a la política en el futuro, que  abandone sus estudios y su formación para dedicarse a cultivar su aspecto físico."

jueves, 6 de enero de 2011

¿Deberían prohibir arrojar cerveza a la cara de los clientes de un bar?

Dos pilares fundamentales para una convivencia democrática son la educación y el sentido común. Tal vez por eso la historia de España ha sido tan convulsa. La educación se ha entendido siempre como adoctrinamiento, dándole más importancia a la instrucción que a la cortesía o a la urbanidad, aspectos éstos hoy tan devaluados o directamente menospreciados. En cuanto al sentido común, ni está ni se le espera.

Por desgracia, en muchas ocasiones los gobiernos se ven obligados a promulgar leyes que serían innecesarias si existiera sentido común y un mínimo de educación. Naturalmente, es mucho más fácil, rápido y económico promulgar leyes farragosas que a veces más que solucionar un problema pueden llegar a crear otro.

Pero echarle la culpa a un gobierno de nuestra individual falta de sentido común es echar balones fuera, excusas de mal pagador, algo a lo que en España estamos muy acostumbrados.

La situación podría ser ésta:

Un ciudadano -honrado, prudente y que paga sus impuestos religiosamente- le gusta ir al bar y charlar con sus amigos. Siempre pide dos cañas de cerveza: una se la bebe y la otra la tira sobre los que le rodean, incluidos los hijos de sus amigos. ¿Por qué lo hace? Él dice que tiene derecho: ha pagado la cerveza (y los impuestos que la gravan) y si a los demás les molesta que no vayan a los bares. Sus amigos le toleran una y otra vez... Se resignan a regresar a sus casas con la ropa apestando a alcohol.

Pensaríamos que este ciudadano, de no estar chiflado, no tiene ni educación ni sentido común. ¡Ah, perdón! Educación sí que tiene: "¿Os importa que os tire una cervecita por encima? Gracias."

Si este hecho lo repitieran más de la mitad de los ciudadanos, no por eso tendrían más derecho a hacerlo.

La pregunta es: ¿Debería el gobierno elaborar una ley que devolviera el sentido común a todos esos ciudadanos? ¿Verdad que sería vergonzoso? Pues así es.

Naturalmente, eso, como no mata, no hace falta prohibirlo.

Así estamos y así somos: Honrados, prudentes y sin educación ni sentido común.

miércoles, 5 de enero de 2011

¿Ignorantes? ¿Imbéciles? Impresentables.

Hay personajes en nuestra vida pública que son, sencillamente, impresentables. Por eso no es de extrañar que se generalice y que nuestros políticos lleven la fama que llevan: se lo ganan cada día, minuto a minuto. Aparte de ignorantes -que lo son-, imbéciles -que lo parecen-.

El alcalde de Valladolid, al que nadie conocía fuera de su ciudad, se hizo famoso por su vejatorio comentario hacia la actual ministra de Sanidad -otra que lo es y lo parece- y ahora no quiere bajarse de esa gloria mundana.

León de la Riva, el alcalde vallisoletano, ha indicado en declaraciones a la cadena Ser que lamenta que "se invite a los ciudadanos a denunciarse unos a otros" y ha explicado a los periodistas que "así empezaron cosas muy terribles en la historia de la humanidad, con denuncias de unos a otros, primero buscaban a los judíos, aquí denunciamos a los fumadores".

Al margen de que me parece una solemnísima tontería -otra más de la ministra Pajín- eso de pedir que los ciudadanos no fumadores denunciemos a los sí fumadores, las palabras de León de la Riva son muy graves, porque minusvalora lo que supuso el holocausto, intenta hacer un llamativo y a sabiendas polémico titular de prensa y, por consiguiente, se burla de los millones de víctimas del nazismo. Una tragedia histórica que no debería admitir bromitas ventajistas.

Buscaban a los judíos, los llevaban a campos de exterminio, los torturaban, los gaseaban y los enterraban amontonados en fosas comunes. Si de verdad cree el alcalde de Valladolid que ese es el espíritu de la ley antitabaco es que o es imbécil o tiene muy mala fe.

Las dos cosas son nefastas para un alcalde, porque avergüenza a sus conciudadanos. O debería.

Lo triste para la historia de la humanidad es que este tipo de personajes puedan sentarse en un sillón oficial y gobernar nuestros destinos.