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miércoles, 16 de marzo de 2011

Perroflautistas sin dudas razonables.

La catástrofe del Japón ha traído a la primera línea del debate la energía nuclear. Como en todos los demás temas, los españoles en general y los opinadores profesionales en particular nos hemos convertido en auténticos expertos en la materia, y opinamos o pontificamos con gran soltura y mayor desparpajo. Y, como en todos los demás temas, importantes o nimios, no hallamos términos medios, dudas razonables.

Yo sí. Yo estoy con Arturo González en que "quienes no tenemos un pariente que nos asesore en lo nuclear debemos acudir a la lógica de la ignorancia, o, como mucho, del sentido común".

Y, entonces, ir haciéndonos una idea.

También podemos recurrir a lo que opinan otros con más preparación que uno mismo, que por eso las suyas generan opiniones en los ciudadanos de a pie, que somos los que con nuestros votos decidimos los gobiernos (más o menos). Cribarlas y separar lo válido de la basura o la ponzoña ya es tarea personal de cada uno.

Algunas opiniones son, de entrada, totalmente nauseabundas. Alejo Vidal-Quadras, catedrático de Física Nuclear y eurodiputado del PP, ha escrito: "Si se analiza fríamente lo que está sucediendo en la central de Fukushima, el coste en vidas humanas en el peor escenario posible será insignificante comparado con la mortandad infligida por la suma del seísmo y el maremoto" [VER].

Otros pretenden, como siempre, llevar el ascua a su sardina, venga o no venga a cuento, con esa obsesión enfermiza que les caracteriza en cada línea que escriben.

En La Razón puede leerse: "Como era de esperar, los prejuicios de la izquierda trasnochada contra las centrales han aparecido para agitar su eterna campaña y pescar en río revuelto".

Naturalmente, para ellos solo existe la cuestión derecha-izquierda. Sin embargo, ¿quién ha dicho que la situación es apocalíptica? Günther Oettinger, comisario de Energía de la UE desde el pasado febrero y líder de la CDU (Unión Cristiano-Demócrata Alemana) de Baden-Wurtemberg. ¿Cómo podemos interpretar las portadas de estos dos diarios que no son precisamente de la izquierda trasnochada?


Observen, además, que en su portada, La Razón titula que el Gobierno sentencia a Garoña y revisará la seguridad de las centrales. ¿Algo diferente a lo que ha hecho Merkel en Alemania, Fillon en Francia o Putin en Rusia? [VER] ¿Qué dirían estos mismos apocalípticos si Zapatero no tuviera intención de revisar las centrales nucleares españolas? Se lo pueden imaginar.

El editorialista de La Gaceta, por su parte, en ese tono siempre faltón e insultante, afirma: "Lamentablemente, la izquierda está desarrollando un debate ideologizado y demagógico para arremeter contra este tipo de energía [...] La izquierda perroflautista y antinuclear está de enhorabuena para ‘vender' sus ruinosos molinillos".

Su director, Carlos Dávila, que por culpa de sus sectarias fijaciones anda bastante despistado y siempre toca la misma flauta sin ninguna duda razonable, dice refiriéndose a los que él llama boberas del ecologismo sufragado: "[...] estos palmeros de la tragedia están perorando ‘apocalipsis' en la sabiduría que es la única bandera que le queda ya a la izquierda de los Bardenes y su cuadrilla".

Me parece más sensato el editorial de El País, donde se escribe que "no sería prudente tomar decisiones irreversibles o que marcaran el futuro por décadas en una situación de conmoción, con grandes incertidumbres sobre lo que en realidad ha pasado en Japón".

Yo prefiero quedarme con la reflexión que hacía Arturo González desde el ala izquierda: "¿Debemos oponernos a la energía nuclear por si acaso? ¿No es más congruente exigir la seguridad máxima, sin caer en la duda por imprevistos no imaginados? ¿No es más serio exigir rigor en la fabricación, mantenimiento y control? Comparamos Fukushima con Chernóbil, pero ¿cumplía Rusia, desde la chapuza, tales exigencias? Lo único que a nivel científico se sabe es que la energía nuclear es inocua si se controla bien".

Ya ven, sin necesidad de insultar ni faltar el respeto a nadie.

martes, 15 de marzo de 2011

"Fusión y confusión nuclear". Por Arturo González.

Leído en el blog "Puntada sin hilo", de Arturo González. 14 de marzo de 2011.

"Quienes no tenemos un pariente que nos asesore en lo nuclear debemos acudir a la lógica de la ignorancia, o, como mucho, del sentido común.

¿Hubiese sido más beneficioso para la Humanidad no desarrollar ni la pólvora ni la dinamita, en su momento, potenciales armas de destrucción masiva?

¿Y habernos quedado en el gas que se desprendía antes de que el Genio de la botella emergiera y nunca pasar del carbón?

¿Es congruente que todo el que puede fabrique armas nucleares a tope para echarlas sobre los ciudadanos y achicharrarlos y poner en cuestión las centrales de energía nuclear pacífica? ¿Y perseguir quien las tiene a quien quiere tenerlas? ¿Y vender cabezas nucleares a todo tráfico? ¿España las fabricaría si tuviese capacidad, cualquiera fuese la opción política en el poder?

¿Para cuándo la guerra bacteriológica, más destructiva que la nuclear, y guardada celosamente en espera de que alguien la use y sin que nadie proteste?

¿Es mejor renunciar a las múltiples actividades en las que se emplean materiales radiactivos, como por ejemplo en lo oncológico y que ningún doliente de cáncer pueda ser radiado? ¿O que la negación de la química impida la quimioterapia?

Hemos enloquecido con lo de la central japonesa hasta llevarnos a la manipulación en la ciencia. ¿Debemos oponernos a la energía nuclear por si acaso?

¿No es más congruente exigir la seguridad máxima, sin caer en la duda por imprevistos no imaginados? ¿No es más serio exigir rigor en la fabricación, mantenimiento y control? Comparamos Fukushima con Chernóbil, pero ¿cumplía Rusia, desde la chapuza, tales exigencias? Lo único que a nivel científico se sabe es que la energía nuclear es inocua si se controla bien.

¿No sería más acertado preguntar a los científicos si está resuelta la desactivación de los residuos nucleares y si están en ello?

Vivimos un mundo de inseguridad, pero solo de aquello que política o ideológicamente nos conviene. Porque, y es tristísimo, al final todo es una cuestión de lucha política. Claro que también vivimos en un país en el que todo el mundo sabe quién es Paquirrín y casi nadie quién es el presidente del Consejo de Seguridad Nuclear."

sábado, 5 de febrero de 2011

Los irresponsables madrileños.

Se llama escurrir el bulto o echar balones fuera a no aceptar la responsabilidad que cada uno tiene sobre un hecho concreto. Ya se ha escrito sobre ello en este blog.

Que esto de eludir responsabilidades lo haga un ciudadano anónimo recién pillado en una falta puede resultar comprensible, dada nuestra malcrianza. Pero que lo haga precisamente un responsable público que vive de esa responsabilidad es tan grotesco como vergonzoso.

Madrid superó en 2010 el límite legal de contaminación que marca Europa al registrar 44 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno de media anual. Hace unos días, la responsable de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella, aseguró en la Comisión de Medio Ambiente que se está preparando la petición de una moratoria a Europa.

"Para cumplir los límites tendríamos que reducir el tráfico en un 50% y eso no es posible", afirmó la concejal.

La semana siguiente, la misma responsable empezó a echar balones fuera: Durante una entrevista en Telemadrid, Ana Botella recordó que el Gobierno mantiene incentivos fiscales para la compra de coches diésel, tales como reducciones en el impuesto de matriculación. "Y esa dieselización del parque automovilístico es el culpable de esos niveles de NO2", vino a decir. O sea: ella cree no tener ninguna responsabilidad en la pésima calidad del aire que respiran los madrileños. La culpa, como no podía ser de otra manera, es de Zapatero.

Su jefe, el alcalde Alberto Ruiz Gallardón, le muestra su apoyo afirmando el pasado jueves que la política fiscal y de subvenciones a los vehículos diésel es "una estrategia del Gobierno para atacar a Madrid".

Y, justamente lo hace ahora, ha añadido, "porque hay elecciones".

Ruiz Gallardón reconoce explícitamente que él tampoco tiene nada que ver con la contaminación del aire en la ciudad de la que es máximo regidor.

En Madrid tienen unos responsables que han sido nombrados y se les paga para asumir unas responsabilidades de las que no se responsabilizan. ¿Para qué están entonces?