lunes, 3 de enero de 2011

2011: No hay lugar para la esperanza.

Me despedía del año pidiendo que dejáramos abierta una puerta a la esperanza. Aún no había terminado 2010 y ya dieron el primer portazo de la nueva década. Amanecí el nuevo año con una inmensa sensación de descorazonamiento.

Fuimos muchos los que dudamos de la fusión de TeleCinco y Cuatro, dos canales de televisión antagónicos que, precisamente por ello, no se hacían la competencia: en general, su audiencia era incompatible la una con la otra. Muchos recelamos de una fusión tan contranatura. Por simplificar podríamos decir que si Cuatro representaba la modernidad (con todos sus defectos), TeleCinco era la cutrez (con todas sus virtudes). Pekin Express contra Gran Hermano.

Debo decir que nunca fui un gran seguidor de la cadena Cuatro. Cada vez que, zapeando, intentaba ver algo siempre estaban con publicidad, y House, uno de sus buques insignia, siempre me pareció un pedante maleducado. Por eso cuando Iñaki Gabilondo se marchó a CNN+ lo seguí como lo había seguido desde los primeros tiempos del Hoy por Hoy en la Ser.

De CNN+ me gustaban los debates y las tertulias de José María Calleja y las tardes del Cara a Cara de Antonio San José. Me gustaban, sí: pasado. Porque lo primero que ha hecho la fusión de TeleCinco y Cuatro (¿absorción?) ha sido eliminar fulminantemente el canal CNN+.
 
Probablemente haya gente que lo ha celebrado: son los que opinan que la libertad de expresión sólo tiene un lado, los que no soportan la pluralidad, los que están reclamando un salvador de la patria. Pues bien, ya está aquí nuestro particular Berlusconi mediático: todos los canales de la TDT bajo la bota de la misma ideología: el neoliberalismo, el mercado.
 
Yo no me alegraría si desaparecieran Intereconomía o Libertad Digital, dos canales que apenas veo y cuyo ideario no comparto en absoluto, pero cuya contribución a la pluralidad no se me ocurriría menospreciar.
 
Los que decían que Zapatero había regalado licencias televisivas a sus amigos, ¿qué pueden decir ahora que, salvo la Sexta, todo es uniformidad neocon, tea party? En España sólo nos queda ponerle cara a ese gran defensor del mercado, nuestro nuevo salvapatrias. Y no es Rajoy.
 
Pero la mayor humillación es que en el mismo canal en el que podíamos sintonizar debates plurales, reportajes, documentales, tertulias, informativos... la fusión ha colocado en su lugar Gran Hermano 24 horas.
 
 Sabemos ya quien manda, ¿no?

No sólo los gobiernos pueden limitar la libertad de expresión. También El Mercado puede hacerlo. Y lo hace, como siempre lo ha hecho. Por desgracia, no hay lugar para la esperanza.

No hay comentarios: